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gastonpedro 16 de Noviembre de 2017

No hay paz sin justicia

“No hay paz sin justicia, y no hay justicia sin perdón”

San Juan Pablo II


La justicia es la  constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho, o eso decía Ulpiano. Todos los que en algún momento estudiamos derecho conocemos de memoria esta frase. Cada vez que un profesor nos preguntaba que era la justicia repetíamos sin pensar  la máxima de ese jurista romano que vivió hace más de dos mil años. 

Que interesante sería tratar de actualizar está definición. Pero creo que sería imposible. Más allá de las palabras raras que tanto nos divierten a los abogados, poder  hoy responder la pregunta de qué es la justicia es una tarea complicada. 

Pero si hay una certeza, la justicia de la que hablaba Ulpiano, o la que enseñan en la facultad, claramente no es lo que estamos viviendo ahora en la Argentina.

Si, por ejemplo, creemos que la prisión preventiva del ex vicepresidente, Amado Boudou, es un acto de justicia, desperdicie seis años de mi vida estudiando derecho.  

El argumento de Lijo de que Boudou “podría entorpecer la investigación que lleva adelante el magistrado” carece de consistencia. Amado siempre se presentó ante la justicia cuando se lo requirieron, siempre pidió permiso para salir del país y nunca dio indicios de querer “entorpecer” la investigación. No parecía ser un imputado rebelde.

Por otro lado, Lijo también entendió que el ex vicepresidente podría usar su poder, considerando que todavía le queda algo, para obstaculizar la investigación. Los funcionarios actuales que también son investigados ¿no tienen más poder que los que volvieron al llano? Como pocas veces en mi vida debo admitir que coincido con Zaffaroni, de seguir así, corremos el riesgo de que se derrumbe el estado de derecho. 

¡Ojo! No digo que Boudou sea inocente, sinceramente creo que no. Pero quiero que se lo investigue como corresponde. Y si es culpable que se lo condene y cumpla su sentencia. Pero si llegara a ser inocente, quiero que pueda seguir con su vida.

Otro caso a debatir es del Julio De Vido. El ex superministro fue detenido por una causa por la cual todavía ni había declarado. Vuelvo a coincidir con Zaffaroni: se maneja la prisión preventiva como pena anticipada.

Pero el problema está, como diría Juan Pablo II, en que no hay paz sin justicia. Y cómo durante años no hubo justicia, tenemos tiempos de poca paz. 

Sería escandaloso comparar la velocidad de la justicia durante el kirchnerismo y la velocidad de la misma durante la era Cambiemos.  La causa Ciccone se inició en 2012, la “prisión preventiva” se pidió en 2017, oportunamente, post derrota electoral de Cristina. 

Esta falta de criterio e imparcialidad es esperable de un referee de la URBA, pero no de un juez federal. Más que impartir justicia, estamos cayendo en una cacería de brujas que busca terminar con Cristina Kirchner, la bruja mayor, en la hoguera. 

La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena repetía El Chavo del 8. Para ser una generación que se crió viendo la serie de Chespirito dejamos bastante que desear. 


La Argentina debe aprender estas lecciones de Juan Pablo II y de Chespirito:


  1. Sin justicia no hay paz
  2. La venganza nunca es buena
  3. No hay justicia sin perdón


Debemos volver a nuestras bases como país, a nuestros mandatos básicos. El primero es afianzar la justicia, pero no está versión 2017, sino  la de Ulpiano y darle a cada uno lo que le corresponde según el derecho. Y si no coincidimos, actualicemos la definición, pero no enseñemos algo que no se condice con la realidad. Si conseguimos esto, lograremos consolidar la paz interior

Para asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros y para nuestra posteridad, debemos evitar el revanchismo. La justicia no es un brazo ejecutor de la venganza. Si no purgamos el alma envenenada de nuestra Argentina las violaciones a los derechos básicos van a volver. Nada le asegura al Gobierno actual o futuros (ni a los jueces) que una vez terminado su mandato no vayan tras ellos. Con las misma lógica con la que apresaron a De Vido y a Boudou muchos funcionarios actuales, que tienen causas iniciadas, podrían terminar tras las rejas. Como se diria en el barrio: no hay que escupir para arriba.

Por último viene lo más complicado: aprender a perdonar. Que viene de la mano de evitar el revanchismo. Aprender a perdonar no es exonerar de una pena a alguien, aprender a perdonar es aprender a no guardar rencor, a liberarnos del resentimiento. 

La Argentina para avanzar necesita instituciones confiables y fuertes. Una división de poderes clara, y no un Poder Judicial obsecuente al Ejecutivo, que mida si avanza con las causas según la conveniencia del Gobierno de turno. 

La Dama de la Justicia es a menudo representada con los ojos vendados. La venda en los ojos representa la fe, en que la justicia es, o debería ser impuesta objetivamente, sin miedo ni favoritismos, independientemente de la identidad, el dinero, el poder o la debilidad; una justicia ciega e imparcial. 

En definitiva, necesitamos de un sistema independiente, confiable y previsible que nos permita consolidar la paz interior y promover el bienestar general.

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  • EmmaC. EmmaC. 18 Nov. 2017 20:50

    Lo leí un par de veces. Gracias!! el artículo no tiene desperdicio. Muy bueno!! Me recordó una frase que me da vueltas siempre el corazón, que es de Antoine de Saint Exupery y dice así: “si queremos un mundo de paz y de justicia, hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”.

  • LOGOUT LOGOUT 18 Nov. 2017 20:41

    Excelente!!! muchas veces conocemos el camino, pero logramos distraernos.